El cardenal Koch subraya que el judaísmo es la «tierra madre» del cristianismo y que rechazar el antisemitismo es imperativo evangélico, en el 60 aniversario de Nostra aetate.

El boletín de hoy
Sábado, 31 de octubre
El cardenal Kurt Koch, Prefecto del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, ha abordado la centralidad de las raíces judías en la fe cristiana y la condena del antisemitismo con motivo de la publicación de la nota «Un camino de esperanza», que conmemora los sesenta años de la declaración conciliar Nostra aetate. Dicha declaración subraya los vínculos espirituales entre el pueblo del Nuevo Testamento y la estirpe de Abraham, vínculos que Koch considera fundamentales para la autocomprensión de la Iglesia católica.
El cardenal ha señalado que la relación con el pueblo de Israel es esencial para la identidad eclesial. A su juicio, «Nostra aetate recuerda las raíces judías de la fe cristiana y habla de un 'patrimonio espiritual común' de judíos y cristianos». Ese patrimonio, añade, debe preservarse y promoverse tanto en la catequesis como en la predicación del Evangelio, lo que exige ahondar en la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento dentro del pensamiento y la liturgia cristiana.
Los recientes conflictos en Oriente Medio han tensado el diálogo judeocristiano, generando fricciones entre la relación con el pueblo judío y la obligación ética hacia las víctimas en Gaza. Koch ha subrayado la necesidad de mantener el diálogo incluso en tiempos difíciles y ha citado al Papa León XIV, quien ha pedido continuar con «entusiasmo este diálogo tan valioso». La Iglesia, recuerda el cardenal, tiene la responsabilidad de trabajar por la paz tanto para israelíes como para palestinos, y defiende la solución de dos Estados como salida viable para la región.
Ante el aumento del antisemitismo en el mundo, Koch ha advertido que «no se puede ser un buen miembro de la familia si no se aprecia ni se ama a la propia madre», aludiendo al judaísmo como la «tierra madre» del cristianismo. El cardenal ha reiterado que el Concilio Vaticano II condena el antisemitismo no solo por razones políticas, sino también desde la «caridad religiosa evangélica».
Koch ha sido tajante: es imposible ser discípulos de Jesucristo y, al mismo tiempo, antisemitas. Todos los pontífices desde el Concilio han reafirmado esta postura, incluido el Papa León XIV, que ha hecho especial hincapié en ella. El compromiso de la Iglesia con la defensa del pueblo judío y la condena del antisemitismo constituye, por tanto, un testimonio inseparable de la identidad cristiana y de la fidelidad al mensaje evangélico.