En 2025, la Iglesia Católica celebró el Jubileo de la esperanza en Roma, clausurado por el Papa León XIV el día de la Epifanía, y anunció la peregrinación ecuménica hacia Jerusalén en 2033 para conmemorar los dos mil años de la Redención.
El cierre del Año Santo 2025 en la Basílica de San Pedro correspondió al Papa León XIV, quien clausuró las puertas de bronce que su predecesor, Francisco, había abierto un año antes. Este acto simbolizó el fin del Jubileo de la esperanza, que congregó a más de 33 millones de peregrinos en la Ciudad Eterna.
Durante su primer viaje apostólico ecuménico en noviembre pasado a Nicea, el Pontífice convocó a los líderes de las Iglesias cristianas a emprender juntos un camino espiritual hacia el Jubileo de la Redención en 2033, con la meta de un regreso a Jerusalén y al Cenáculo. Este itinerario aspira a avanzar hacia la plena unidad cristiana, conforme al lema episcopal pontificio "In Illo Uno Unum".
El Jubileo de la Redención, previsto para dentro de siete años, fue anticipado en la bula de convocatoria del Jubileo ordinario 2025, Spes non confundit, firmada por Francisco. En ella se destaca que este Año Santo orienta el camino hacia un aniversario fundamental para todos los cristianos, que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, y que la gracia de Dios acompaña a quienes caminan en la fe, la caridad y la esperanza.
El anuncio de la peregrinación a Jerusalén en 2033 se realizó en un contexto ecuménico durante la conmemoración del 1700.º aniversario del Concilio de Nicea, en un encuentro fraterno con los jefes de las Iglesias cristianas. La iniciativa se plantea como una peregrinación ecuménica y sinodal, con preparativos realizados en común acuerdo y en un espíritu de fraternidad.
El regreso a Jerusalén simboliza un retorno a las raíces comunes de la fe cristiana, a los acontecimientos centrales de la encarnación, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Esta idea remite a la peregrinación del Papa Pablo VI a Tierra Santa en 1964, que buscaba arraigar el Concilio Vaticano II en el misterio fundacional de la Iglesia. La visita de Pablo VI también inauguró una nueva etapa en las relaciones entre la Iglesia Católica y la Iglesia ortodoxa, simbolizada por el gesto del beso de paz con el patriarca Atenágoras, considerado un signo profético de comunión.
Se espera que la peregrinación de 2033 sea igualmente un signo profético, siempre que se mantenga su autenticidad. Desde su inicio, esta peregrinación será una llamada a la renovación y a volver a las fuentes para todos los cristianos, prolongando el espíritu del Jubileo de la esperanza de 2025.
Históricamente, no hubo Jubileo en 1033, dado que el primero se celebró en 1300, aunque en 1933 y 1983 los Papas Pío XI y Juan Pablo II convocaron años santos extraordinarios para conmemorar la muerte y resurrección de Cristo, actos propios de la Iglesia católica. La peregrinación de 2033 aspira a ser la primera celebración que reúna a todas las Iglesias cristianas.
En relación con la unidad visible de los cristianos, se confía en la acción del Espíritu Santo para que este camino ecuménico avance. Se subraya la importancia de reflexionar y orar conjuntamente con las Iglesias y organizaciones ecuménicas para fortalecer la colaboración y la comprensión mutua durante los años de preparación. Se contempla la posibilidad de avanzar en enseñanza, pastoral y, en casos excepcionales, en la participación común en sacramentos, como un testimonio significativo.
La preparación para este acontecimiento deberá organizarse de forma ecuménica y sinodal, con la creación de grupos de trabajo a nivel local y mundial. Se destaca el papel fundamental de la Iglesia de Jerusalén, que debe implicarse desde el principio en los preparativos, en contacto con los patriarcas y jefes de las Iglesias cristianas locales. La peregrinación debe entenderse como una visita de huéspedes a una Iglesia madre, que es a la vez pobre y pequeña.
Ante la proximidad temporal con la Navidad, se invita a afrontar estas fechas con el espíritu de la esperanza y la renovación que caracterizó el Jubileo de 2025, preparándose así para el camino ecuménico que culminará en 2033.
