Cobo anima a los sacerdotes veteranos: menos número, la misma entrega y misión viva

Cobo anima a los sacerdotes veteranos: menos número, la misma entrega y misión viva

El encuentro de sacerdotes con entre 40 y 49 años de ministerio en Madrid reflexionó sobre la fidelidad al sacerdocio y los retos actuales del clero diocesano.

El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, participó en la quinta preasamblea de sacerdotes con entre 40 y 49 años desde su ordenación. Este grupo, aunque enfrenta limitaciones físicas propias de la edad, mantiene intacta su dedicación al ministerio. El purpurado destacó que, pese a la disminución en número, el sacerdocio sigue vigente y subrayó dos aspectos comunes a todas las generaciones: la corresponsabilidad y la implicación activa de los laicos, junto con la fraternidad entre sacerdotes. Apuntó que la Iglesia se orienta hacia un modelo más misionero, donde la delegación de tareas no es meramente administrativa, sino que implica un compromiso evangelizador.

Entre los asistentes, el vicario del clero, Juan Carlos Merino, reconoció la perseverancia de esta generación en medio de transformaciones profundas y crisis que marcaron su camino, periodo en el que se produjo un notable número de secularizaciones. En este contexto, el sacerdote Pedro Luis López García, ordenado en 1981 y párroco de San Ildefonso y Santos Niños Justo y Pastor, relató que fue el único cura diocesano de su promoción y que su ordenación tuvo lugar en su localidad natal, Perales de Tajuña, con la presencia de Tarancón y el entonces obispo auxiliar Iniesta. López García enfatizó su compromiso con la comunión eclesial y la fraternidad sacerdotal, afirmando: «No se puede ser cura por libre, me he comprometido libremente a vivir en comunión con el obispo y en fraternidad con los hermanos sacerdotes».

El encuentro, celebrado en el Seminario Conciliar de Madrid el 26 de enero, reunió a casi un centenar de sacerdotes que, de haber ejercido una profesión civil, ya estarían jubilados, pero que continúan activos como párrocos, capellanes y vicarios parroquiales. Para el capellán de las Descalzas Reales, Gerardo del Pozo, la reunión resulta fundamental para combatir el individualismo y la soledad que a menudo experimentan los presbíteros, además de ser un espacio para fortalecer la vida espiritual y tomar conciencia de la realidad diocesana. Del Pozo valoró que estos encuentros, junto a otros actos como las celebraciones de san Juan de Ávila o la Misa crismal, contribuyen a generar un sentido de comunión.

Con 49 años y medio de ministerio, el vicario parroquial en Santísima Trinidad de Collado Villalba y capellán de las Esclavas de la Eucaristía en Los Negrales, Apolinar del Corral, destacó la oportunidad que representa compartir con sacerdotes de toda la diócesis, no solo de su entorno inmediato, y manifestó su interés y expectativa ante el desarrollo de CONVIVIUM, esperando que surjan líneas pastorales claras.

El sacerdote Gil González, ordenado en 1978 y con más de dos décadas como vicario episcopal en la diócesis, actualmente párroco en San Cristóbal y San Rafael de Madrid, reconoció las dificultades propias de la edad, pero subrayó la experiencia acumulada que permite afrontar los retos con perspectiva. Coincidió con Del Pozo en la necesidad de estos encuentros para fomentar la comunión y el sentido diocesano, señalando también la presencia significativa de sacerdotes religiosos en la reunión.

El capellán del Centro de Inserción Social Victoria Kent, Ángel Igualada, ordenado en 1982 por el Papa San Juan Pablo II, reflexionó sobre la fraternidad sacerdotal como un amor comunitario distinto del familiar, necesario para la misión confiada a la Iglesia y no a individuos aislados. Subrayó que el testimonio y la amistad entre sacerdotes enriquecen su labor. Tras décadas de ministerio, percibe una Iglesia madrileña activa y preocupada por responder a los desafíos actuales, entre ellos la creciente diversidad cultural y social derivada de la migración, que ha modificado la realidad pastoral desde su ordenación.

Comentarios
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Eduardo Bravo
4 dias hace
A pesar de la larga tradición del sacerdocio, hoy nos enfrentamos a un clero envejecido y en declive numérico que lucha por mantenerse relevante. La insistencia en la fraternidad y el compromiso comunitario es vital para que los sacerdotes no se conviertan en islas, sino en faros de esperanza en un mundo cambiante. La Iglesia debe evolucionar con sus ministros, no solo para sobrevivir, sino para revitalizar su mensaje en tiempos de transformación social.
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