La Iglesia en Tailandia denuncia la compra de votos y la degradación moral en la política

La Iglesia en Tailandia denuncia la compra de votos y la degradación moral en la política

La Iglesia Católica en Tailandia subraya la importancia de la moralidad en la democracia ante las elecciones legislativas del 8 de febrero.

La Conferencia de Obispos Católicos de Tailandia ha difundido una carta pastoral que anima a los fieles a ejercer su derecho al voto como un compromiso moral, sin alinearse con ningún partido político, pero asumiendo su responsabilidad en el debate público cuando están en juego la verdad, la justicia y el bien común. La Iglesia sostiene que, aunque mantiene su independencia respecto a los partidos, no puede eludir su misión como conciencia social.

El documento subraya que votar no debe considerarse una mera formalidad democrática. Los obispos explican que “votar es una misión moral para el bien común”, destacando que no se trata solo de un mandato legal, sino de un deber ético que implica la corresponsabilidad de todos los ciudadanos.

Esta reflexión cobra especial relevancia en un contexto nacional donde la democracia se ve debilitada por prácticas como la compra de votos, presiones económicas y corrupción política. La carta se apoya en el Catecismo de la Iglesia Católica para recordar que ignorar el derecho al voto supone incumplir la responsabilidad con el bien común. Además, advierte que esta obligación no finaliza en el momento de la votación, sino que abarca la vigilancia y defensa de las verdades morales durante todo el proceso político.

El texto alerta sobre los riesgos de políticas públicas que, bajo el pretexto de pragmatismo económico o modernidad social, pueden contribuir a la degradación de la dignidad humana. En un país donde la prostitución es prevalente y el turismo sexual prospera, afectando especialmente a los más pobres y vulnerables, la defensa de valores morales adquiere un significado concreto. La comercialización del cuerpo humano, tolerada o encubierta por intereses económicos, representa un claro indicio del deterioro del bien común en favor de beneficios individuales.

Los obispos advierten contra una visión reducida de la democracia, recordando que “una democracia sana es más que un simple conjunto de reglas” y debe fundamentarse en valores humanos esenciales, especialmente la dignidad de la persona. Sin estos principios, la democracia puede devenir en una “tiranía oculta que oprime a su pueblo”, situación que refleja una sociedad donde el dinero, la explotación y la corrupción se imponen como normas aceptadas.

En este marco, se invita a los fieles a elegir candidatos que respeten la dignidad humana y prioricen el bien común frente al beneficio personal. La carta contrapone la dignidad de la persona con el interés privado, señalando que algunas prácticas políticas parecen guiadas más por el enriquecimiento, el clientelismo o la complacencia hacia sistemas económicamente lucrativos pero moralmente dañinos.

Se recurre a la Biblia, específicamente al libro del Éxodo, para reforzar la necesidad de discernimiento. Al recordar que Moisés debía seleccionar líderes que temieran a Dios, fueran confiables y rechazaran las ganancias deshonestas, se subraya que el poder no es una posesión sino un servicio en beneficio de todos, y no un instrumento de explotación o dominación.

La carta dedica un apartado severo a la corrupción política, calificando la compra o venta de votos y cualquier forma de fraude como el inicio de la corrupción que destruye la estructura social. Los obispos la definen como una traición al pueblo y una grave violación de la justicia social, un mensaje contundente en un país frecuentemente afectado por escándalos que involucran a políticos y poderosos intereses económicos.

El cristianismo en Tailandia tiene una historia larga y compleja, marcada por rechazo, persecuciones y una lenta aceptación. Introducido en el siglo XVI por los portugueses y consolidado por la labor misionera, especialmente de las Misiones Extranjeras de París, el catolicismo enfrentó desconfianza de las autoridades y el clero budista, que lo consideraban una amenaza para el orden tradicional.

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María Hidalgo
Ayer
La situación política en Tailandia es un claro recordatorio de que la corrupción y la degradación moral son enemigos mortales de la sociedad. La Iglesia no puede permanecer callada ante el escándalo de la compra de votos; ¿seguirán los fieles a estos clérigos o se dejarán arrastrar por prácticas inmorales?
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