La dictadura nicaragüense prohíbe miles de procesiones y vigila a sacerdotes

La dictadura nicaragüense prohíbe miles de procesiones y vigila a sacerdotes

La Iglesia Católica en Nicaragua enfrenta una creciente represión por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que ha intensificado las prohibiciones y controles sobre actividades religiosas.

Desde 2018, el régimen ha ejecutado más de mil ataques contra la Iglesia Católica y ha prohibido alrededor de 16.500 procesiones, según el informe más reciente de Martha Patricia Molina, investigadora nicaragüense en el exilio y autora del documento Nicaragua: Una Iglesia perseguida. Esta situación se agrava con la intervención policial en misas y actividades religiosas, donde sacerdotes han sido expulsados y amenazados, además de ser sometidos a controles estrictos, como la entrega semanal de informes y la revisión de sus teléfonos móviles.

El 21 de enero, Molina denunció que la dictadura prohibió las misiones pastorales en la Diócesis de León, que abarca los departamentos de León y Chinandega y está dirigida por Mons. René Sándigo, único obispo que votó en las elecciones presidenciales de 2021, consideradas fraudulentas por observadores internacionales. La orden del régimen fue que el clero permanezca en sus parroquias, impidiendo que la diócesis realice la misión de llevar la Palabra de Dios de casa en casa.

Félix Maradiaga, presidente de la Fundación para la Libertad de Nicaragua, alertó que la dictadura ha pasado de hostigar a líderes religiosos y cancelar procesiones a intentar silenciar la fe en la vida diaria y castigar cualquier expresión espiritual no controlada por el Estado. Además de prohibir festividades populares con profundas raíces culturales y religiosas, como el tradicional tope de santos en Diriamba, el régimen restringe celebraciones comunitarias como la del Divino Niño en Matagalpa y ha impedido la predicación puerta a puerta, afectando también a otras denominaciones cristianas.

La procesión y peregrinación del Divino Niño en Matagalpa, diócesis del obispo Rolando Álvarez expulsado a Roma en 2024, ha sido objeto de prohibiciones y restricciones desde hace varios años. En 2026, la dictadura volvió a impedir actividades religiosas, incluyendo el tope de santos en Diriamba, donde solo se permite que las imágenes de los santos permanezcan en el atrio del templo. La celebración de la Virgen de Candelaria en Managua también fue confinada al interior del templo para limitar la participación de los fieles.

El 7 de febrero, el diario La Prensa informó que por primera vez no se realizó el tope de santos en la parroquia Inmaculada Concepción de María en La Concepción, Masaya, por orden del régimen. La alcaldesa sandinista María Esperanza Mercado Hernández declaró asueto y autorizó numerosas actividades para contrarrestar la festividad religiosa. El sacerdote nicaragüense Edwing Román, vicario parroquial en Miami, señaló que prohibiciones similares se han aplicado en Santiago de Jinotepe, Santiago de Boaco y San Jerónimo en Masaya, afectando la mayoría de las cabeceras departamentales y pueblos, donde las alcaldías afines al gobierno organizan espectáculos para distraer a la población.

Román denunció que las actividades religiosas se realizan bajo vigilancia policial y con presencia de paramilitares de civil, y que las imágenes ya no son llevadas en brazos por los fieles, sino transportadas en vehículos custodiados por policías para evitar que la gente las porte. Según el sacerdote, el régimen teme a las multitudes religiosas que ocupan las calles, aunque la fe persiste y el pueblo espera la intercesión de sus santos patronos ante Jesucristo.

Arturo McFields Yescas, exembajador de Nicaragua ante la OEA y exiliado, afirmó que en Nicaragua se libra una batalla espiritual que se manifiesta en la represión, persecución, censura y espionaje. Destacó que la ferocidad del régimen afecta principalmente al pueblo católico y evangélico, ya que el verdadero enemigo es la fe y la creencia en Dios, que consideran más fuerte que cualquier amenaza terrenal. McFields concluyó que el pueblo está convencido de que esta es la Iglesia de Dios y que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”, señalando que la dictadura está perdiendo esta batalla espiritual.

En una homilía celebrada el 8 de febrero en la iglesia del P. Román, Mons. Silvio Báez, Obispo Auxiliar de Managua, afirmó que “hay muchas tinieblas en el mundo que deben ser iluminadas con el Evangelio” y que los cristianos están llamados a ser “faros de esperanza en un mundo que a menudo parece dominado por la oscuridad”. El prelado exhortó a preservar la vida, ser testigos del Evangelio y llevar su luz para contrarrestar la opresión y la intimidación del poder despótico.

Comentarios
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Ana Hidalgo
Ayer
Es inaceptable que se frene la libertad de culto. ¿Qué medidas tomará la comunidad internacional para apoyar a los nicaragüenses?
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