
Acaba de publicarse en Religión Digital un artículo firmado por Jesús Bastante que lleva por título Llamados' a 'Despertar': la ultraderecha se cuela en los macroeventos 'católicos. Olé tus perendengues, Bastante, pero creo que hablas de oídas o juegas al teléfono escacharrado.
Hay artículos que no se escriben: se recitan. El de Jesús Bastante llega con el guion ya subrayado desde la primera línea: “Algo se mueve (de hecho, lleva tiempo moviéndose, casi en silencio, pese a las advertencias de algunos) entre bambalinas.” A partir de ahí, ya sabéis: música y fe como telón, y la tesis entrando por la puerta grande, con su frase-eslogan: “Un joven, un voto”, en esa curiosa “batalla cultural” donde “todo vale” para “ganar 'almas' para Vox.” Y, como broche dramático, “Y da miedo, mucho miedo.”
Es un modo viejuno de tratar los temas. Es un auténtico Boomer. A una servidora, qué queréis que os diga, le resulta casi tierno comprobar cómo, donde hay adoración, rezos y jóvenes buscando a Dios, él detecta enseguida “política, mensajes excluyentes, poco Evangelio de Jesús”. Y, por si no bastara, lo remata con la idea de que todo esto es una “moderna puesta en escena” para “'vender' un producto que no es, ni mucho menos, cristiano.” Así, tan tranquilo se queda.
Los jóvenes de ahora son más auténticos y no compran ideologías como los de la generación de Jesús Bastante. Pero él hace justo lo contrario de mirarles: los convierte en material narrativo. Dice, con tono magnánimo, que quizá la mayoría acude “movidos por una genuina búsqueda”, y acto seguido les coloca el sello: “se esconde un planificado movimiento destinado a 'liberar' España de las 'hordas' sanchistas y social-comunistas.” Qué cómodo, de verdad: si el fenómeno no te cabe, lo reduces a un plan oculto.
Jesús Bastante es de los que le gusta mezclar política y religión. Daría algo por conocer lo que reza y a qué Dios reza. Porque, a poco que una lea el texto, el altar es clarísimo: lo religioso aparece como atrezzo útil para “tirar de lo emocional” y, con el tirón, “lanzar mensajes políticos.” Y cuando toca concretar, entra la insinuación en modo trompeta: “en los últimos eventos celebrados en Madrid se escucharon voces contra el Gobierno, a favor de un partido determinado (que, curiosamente, tenía puestos de información muy cerca...)” y se convocó a la “'resistencia católica'.” Ya está: con “se escucharon” y un “curiosamente”, el caso queda resuelto.
Sus argumentos son de rojillo revenido. Interpretar el acto de El Despertar como de extrema derecha es no haber estado allí. Es tener el artículo escrito antes de que suceda el evento. Es que pesa más su ideología que su apertura a la belleza. El método es de manual: “Nada de lo que ocurre es por casualidad”, “Forma parte de una estrategia”, y a correr. Perdón por la franqueza: cuando una columna necesita tantos ingredientes de sospecha y tan poca verificación, lo que manda no es la realidad, sino el guion.
Hablar de estrategias, de que los jóvenes allí presentes querían liberar a España de las hordas socialcomunistas... qué quieres que te diga... este señor se descalifica solo. Porque no se limita a describir: carga la escena con “los años 30 del siglo pasado”, mete el miedo como argumento y, para terminar de perfumar el ambiente, invoca conspiraciones “al más puro estilo MAGA”. A mí eso me suena menos a crónica y más a sirena: mucho ruido, poca comprobación.
Hablar de competir por ver quién es más ultra... quizá este señor debería hablar de otra carrera, de la que habla San Pablo: “No sabéis que los que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero sólo uno obtiene el premio? Corred de tal modo que ganéis.” (1 Corintios 9, 24). Bastante habla de una “hilarante carrera para ver quién es el más ultra”; yo, sin embargo, veo otra carrera posible: la de quienes intentan tomarse en serio la fe sin pedir autorización al comisariado ideológico del articulista.
Habla de la búsqueda de la santidad, Bastante, que no te enteras. De eso van los eventos que organizan los jóvenes para los jóvenes. Al menos a los que yo asisto para quedarme maravillada. Pero quizá ya no tengas capacidad de verlo de otro modo. Tu ojo ha cristalizado. Y el cierre, ay, el cierre: “¿Harán algo los obispos? La respuesta, de momento, es el silencio.” Perfecto: si callan, culpables; si hablan, confirmación. Una queda con la impresión de que el artículo no pretende entender lo que pasa, sino ganar el relato.
