Obispos de EE. UU. y Japón piden avanzar hacia la eliminación de armas nucleares

Obispos de EE. UU. y Japón piden avanzar hacia la eliminación de armas nucleares

Obispos católicos de Estados Unidos y Japón animan a los líderes globales a avanzar en la eliminación de armas nucleares, coincidiendo con el quinto aniversario del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW).

El 21 de enero, la Alianza para un Mundo sin Armas Nucleares difundió una declaración conjunta firmada por obispos de ambos países, en la que advierten que la urgencia ética para el desarme se intensifica ante la actual inestabilidad mundial y las renovadas amenazas nucleares. Este aniversario llega pocos meses después de que varios prelados estadounidenses visitaran Hiroshima y Nagasaki en agosto de 2025, con motivo del 80º aniversario de los bombardeos atómicos.

Durante esta peregrinación, los obispos participaron en oraciones, dialogaron con sobrevivientes y asistieron a actos por la paz junto a sus homólogos japoneses, una experiencia que reforzó su compromiso común para promover un mundo sin armas nucleares.

En su comunicado, los prelados recuerdan que el Vaticano fue el primer Estado en firmar y ratificar el TPAN en 2017, calificando esta acción como una muestra del "compromiso inquebrantable de la Santa Sede con la eliminación total de las armas nucleares". En contraste, critican a los Estados poseedores de armas nucleares por no cumplir con sus responsabilidades establecidas en el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1970, que obliga a negociar de buena fe el desarme.

"Las potencias poseedoras de armas nucleares nunca cumplieron con sus obligaciones de larga data", señala el texto, que lamenta que, en lugar de reducir sus arsenales, estos países estén inmersos en programas extensos de modernización diseñados para mantener sus armas nucleares indefinidamente.

Los obispos sostienen que, aunque el TPAN tiene fuerza jurídica solo para los Estados que lo ratifican, su peso moral es universal. Manifiestan su esperanza en que el creciente respaldo internacional al tratado, que ya cuenta con la mayoría de los países, presione a las naciones nucleares a modificar su postura.

El documento también pone énfasis en las amenazas nucleares de Rusia durante la guerra en Ucrania y la escalada de tensiones en Oriente Medio, que evidencian el riesgo constante de una catástrofe nuclear. Según los obispos, estas circunstancias subrayan la necesidad de actuar con celeridad.

"Ocho décadas de amenazas nucleares es un tiempo demasiado largo", escriben, recordando que los museos de Hiroshima y Nagasaki conservan testimonios que evidencian el coste humano de la guerra nuclear.

El cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington y participante en la peregrinación a Japón, pronunció un mensaje contundente durante los actos conmemorativos en Hiroshima: "Nos negamos a vivir en un mundo de proliferación nuclear y de toma de riesgos", afirmó. "Resistiremos, nos organizaremos, rezaremos, no cejaremos hasta que los arsenales nucleares del mundo sean destruidos".

Los obispos destacan que estas palabras reflejan el espíritu de su colaboración continua y califican al TPAN como "un gran paso hacia la luz de la paz". Exhortan a los líderes mundiales a mostrar avances concretos en el desarme y subrayan que la responsabilidad moral para actuar trasciende las fronteras nacionales.

"Ya es hora de que las potencias poseedoras de armas nucleares comiencen a lograr avances tangibles", concluyen.

La Alianza para un Mundo sin Armas Nucleares está integrada por las arquidiócesis de Santa Fe, Seattle y Nagasaki, junto con la diócesis de Hiroshima y otras diócesis comprometidas con la promoción de la enseñanza católica sobre la paz y el desarme. Esta cooperación refleja un movimiento creciente dentro de la Iglesia para situar el desarme nuclear como una prioridad pastoral y moral que une continentes y culturas.

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Gonzalo Guerrero
Ayer
Ocho décadas después de Hiroshima y Nagasaki, la advertencia de los obispos sobre la inacción de las potencias nucleares resalta la desconexión entre el discurso y la realidad. Este llamado no solo busca una paz anhelada, sino que exige un compromiso tangible que desafíe la complacencia global ante la amenaza nuclear persistente.
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