El cardenal Pietro Parolin presidió la misa en Copenhague con motivo del XII centenario de la misión de San Ansgar en Dinamarca, destacando la vigencia de su legado.
Durante la ceremonia celebrada en la catedral de Copenhague, el cardenal Pietro Parolin intervino como legado pontificio en los actos conmemorativos del inicio de la misión de San Ansgar en el norte de Europa, ocurrida en el siglo IX. Recordó que el monje benedictino no basó su labor en “estrategias o éxito, sino en la fidelidad a Jesús”, y subrayó que su primera acción fue liberar a esclavos, un gesto que mantiene su relevancia frente a las actuales formas de esclavitud económica, cultural y espiritual, así como la exclusión y la indiferencia.
El secretario de Estado transmitió los saludos del Papa León XIV y resaltó la continuidad del vínculo histórico y pastoral que anima la misión iniciada hace doce siglos. Citando la lectura de Isaías (52,7-10), explicó que la importancia reside en el mensajero, cuyos pies son “hermosos” no por las ideas que transmite, sino por llevar la buena noticia que transforma y libera a quienes la reciben. De igual modo, Ansgar experimentó la alegría del perdón divino y quiso compartirla con los demás.
En el templo dedicado a San Ansgar, el cardenal repasó su trayectoria desde su infancia en el monasterio francés de Corbie, su traslado a Corvey en Alemania a los veinte años y su decisión de aceptar la misión en Dinamarca, tras la petición del emperador Luis el Piadoso para apoyar al rey Harald Klak, recién convertido al cristianismo. Destacó el valor y la confianza con que Ansgar abandonó su entorno conocido para seguir a Jesús, cualidades que impresionaron a sus contemporáneos, según relata san Remberto en la «Vita Anskarii».
El legado pontificio enfatizó que la vida de Ansgar fue un testimonio vivo del cristianismo, alineado con el Evangelio que no ofrece “soluciones abstractas”, sino una visión de la dignidad humana que antecede cualquier cálculo. Enfrentó una fuerte oposición y fue considerado un fracaso, pero el éxito no era su objetivo. Parolin citó la Primera Carta de San Pablo a los Corintios para explicar la paradoja de la “locura de la cruz”, donde el amor entregado por completo se revela como la verdadera sabiduría de Dios.
La Iglesia, afirmó el cardenal, crece no por cifras sino por hombres y mujeres que viven con fidelidad, perseverancia y amor. La misión comienza con la transformación interior, y en las celebraciones dedicadas a San Ansgar se invitó a renovar el compromiso evangélico y a mantener la esperanza en tiempos difíciles, confiando en la acción constante de Dios incluso en las circunstancias más frágiles.
Actualmente, Dinamarca ya no es el territorio pagano que encontró Ansgar. Su historia está profundamente marcada por la herencia cristiana y la comunidad católica, junto con los luteranos y personas de buena voluntad, contribuye mediante el servicio, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana. Citando el lema episcopal del Papa León XIV, In Illo uno unum, el cardenal concluyó que la misión de los seguidores de Cristo comienza con un corazón transformado y que la salud de la Iglesia se mide por su capacidad de acompañar a Cristo en todo momento, no por sus éxitos o números.
