La conferencia de obispos de Estados Unidos ha despedido personal y considera vender su sede en Washington tras perder las subvenciones federales para la acogida de migrantes y refugiados.
La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), que reúne a los responsables de las 193 diócesis del país, ha reducido su plantilla y cerrado oficinas locales dedicadas a la atención de migrantes tras la cancelación de todos los convenios por parte del gobierno de Donald Trump.
Esta decisión también ha afectado a otras organizaciones católicas estadounidenses, como Caritas, que han sufrido las consecuencias del congelamiento de fondos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
A pesar de estas dificultades, la USCCB recaudó 82,3 millones de dólares en 2024 mediante colectas nacionales, cifra algo inferior a la de los dos años anteriores. La colecta más significativa se destina al National Religious Retirement Office, que financia la atención a sacerdotes mayores.
Otras colectas importantes incluyen las organizadas para el Catholic Relief Services (CRS), que proporciona ayuda internacional; el Home Missions Appeal, que respalda a escuelas católicas; y las destinadas a la Iglesia en América Latina y Europa del Este.
Para su funcionamiento, la USCCB cobra una cuota que alcanzó los 12,4 millones de dólares en 2024, un aumento del 22 % en quince años, aunque esta cantidad sigue siendo inferior a la que recaudan las diócesis más grandes, como las de Los Ángeles o Chicago, que obtienen entre 22 y 23 millones de dólares de sus parroquias.
Un grupo de trabajo formado por obispos ha comenzado a estudiar la reorganización del presupuesto, la búsqueda de recursos privados, especialmente para la acogida de migrantes, y la redefinición de su patrimonio inmobiliario. Entre las opciones consideradas figura la venta o el alquiler de la sede en Washington, cuyo mantenimiento se ha estimado en 4,4 millones de dólares para 2024.
