Desde su diócesis de Marsella, Monseñor Jean-Marc Aveline, presidente de la Conferencia Episcopal de Francia, se pronunció sobre la tribuna publicada por los obispos franceses acerca del proyecto de ley sobre el final de la vida.
Monseñor Jean-Marc Aveline afirmó que lo que propone el proyecto de ley no es ni bueno ni necesario, dado que ya existen normativas vigentes, como la ley Claeys-Leonetti y la legislación actual sobre cuidados paliativos, que garantizan el acompañamiento de quienes se encuentran al borde de la muerte. En consecuencia, recalcó que no resulta preciso añadir nuevas disposiciones.
El presidente de la Conferencia Episcopal de Francia cuestionó el contenido del proyecto, señalando que los términos empleados no son adecuados y que legalizar el poder de dar la muerte no corresponde al acompañamiento de la vida hasta su fin. Subrayó que el verdadero poder consiste en acompañar la vida hasta el final.
Para evitar un cambio de esta naturaleza, los obispos decidieron expresarse públicamente con la intención de impedir que se legalice el principio de causar la muerte. Denunció asimismo la manipulación de conceptos fundamentales como “libertad”, “fraternidad” y “humanidad”, recordando que la auténtica humanidad consiste en cuidar hasta el final y acompañar, no en otorgar el poder de suprimir la vida.
La experiencia de los profesionales sanitarios respalda esta postura. Según Monseñor Aveline, en cuidados paliativos, aunque algunos pacientes podrían solicitar la muerte, el acompañamiento hace que ese deseo desaparezca. Esta realidad fundamenta el compromiso de la Iglesia en el debate y conduce a la convicción de que la verdadera fraternidad, humanidad y libertad permiten a la persona enfrentar la dificultad con el deseo de vivir. Resumió esta idea afirmando que “el deseo de vivir es siempre más fuerte que el derecho a morir”.
Dirigiéndose a diputados y senadores, el presidente de la Conferencia Episcopal les pidió valorar la gravedad del proyecto y las implicaciones antropológicas que conlleva. Advirtió que en otros países donde se han aprobado leyes similares, las cláusulas iniciales suelen desaparecer rápidamente, lo que provoca desviaciones incompatibles con la dignidad humana.
Por ello, los obispos reclaman votar en contra de esta ley, al tiempo que animan a promover los cuidados paliativos, recordando que un cuarto de la población francesa no tiene acceso a ellos y que, cuando se dispone de estos cuidados, la situación cambia radicalmente.
Monseñor Jean-Marc Aveline indicó que la mayoría del personal sanitario no respalda esta ley. Según explicó, los profesionales reconocen que ante el misterio del sufrimiento y la muerte se requiere mucha humildad para ofrecer humanidad. En este momento que calificó de grave, y dado que es poco habitual que la Iglesia intervenga directamente, apeló a la fuerza de la oración para influir en las conciencias.
