Monseñor Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Astaná, cuestiona la afirmación del cardenal Víctor Manuel Fernández sobre la inmodificabilidad de los textos del Concilio Vaticano II, defendiendo la posibilidad de revisar sus expresiones pastorales.
El obispo auxiliar de Astaná, Athanasius Schneider, manifestó su desacuerdo con la declaración del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, quien afirmó que los documentos del Concilio Vaticano II “no pueden ser modificados”. Según Schneider, las expresiones de carácter pastoral contenidas en dichos textos sí admiten correcciones o revisiones, postura que expuso en una conversación difundida por el periodista Niwa Limbu en la red social X.
El prelado sostuvo que únicamente la Palabra de Dios posee inmutabilidad absoluta. “Lo que no puede cambiarse es solo la Palabra de Dios. No se puede cambiar la Biblia porque es la Palabra de Dios”, afirmó. Por ello, consideró errónea la afirmación del cardenal Fernández si se aplica sin distinción a todos los documentos conciliares.
Recordando las intenciones del Concilio Vaticano II, Schneider señaló que San Juan XXIII dejó claro que el concilio no buscaba definir nuevos dogmas ni resolver cuestiones doctrinales de manera definitiva, sino que su finalidad era explicativa y catequética, adaptándose al lenguaje de su época. En esta línea, citó a Pablo VI, quien reiteró que el concilio tuvo un carácter “primariamente pastoral” y no pretendió establecer definiciones dogmáticas definitivas.
Por ello, el obispo distinguió entre las enseñanzas dogmáticas inalterables, provenientes de concilios anteriores y citadas por el Vaticano II, y las expresiones pastorales que responden a circunstancias históricas específicas y que, por tanto, podrían ser objeto de mejora o corrección.
Como ejemplo, Schneider mencionó el IV Concilio de Letrán (1215), señalando que algunas de sus disposiciones pastorales actuales serían inaceptables, como la obligación impuesta a los judíos de portar signos distintivos en ciudades cristianas, medida que calificó de discriminatoria. A partir de este caso, planteó la posibilidad de revisar también ciertas expresiones pastorales del Vaticano II.
El obispo subrayó la necesidad de analizar con rigor las “ambigüedades evidentes e innegables” presentes en algunos textos conciliares y recordó que otros concilios ecuménicos han experimentado ajustes en sus declaraciones pastorales.
En relación con la situación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Schneider propuso concederles primero una regularización canónica para luego continuar el diálogo doctrinal. Consideró que permitir a la Fraternidad aportar sus reflexiones podría ayudar a clarificar y precisar aspectos controvertidos en beneficio de la Iglesia en su conjunto.
Expresó asimismo su inquietud por lo que definió como una actitud “dura” e “imprudente” de la Santa Sede en el manejo de esta cuestión.
