El Papa León XIV celebró esta mañana en la Capilla Sixtina la Misa con motivo de la fiesta del Bautismo de Jesús, durante la cual bautizó a veinte hijos de empleados vaticanos.
La ceremonia siguió la tradición iniciada en los años ochenta por San Juan Pablo II, durante la cual el Santo Padre administró el sacramento a doce niños y ocho niñas, cuyos nombres fueron mencionados durante la celebración. La liturgia estuvo acompañada por los cantos de la Schola Cantorum y comenzó con las preguntas rituales dirigidas a los padres y padrinos sobre el nombre y la responsabilidad que asumen.
En su homilía, el Papa León XIV afirmó que los niños “son transformados en criaturas nuevas” y destacó que, al igual que Jesús inauguró un tiempo nuevo al ser bautizado en el río Jordán, estos pequeños se convierten en cristianos y hermanos dentro de la comunidad eclesial. Subrayó que, así como los padres dan la vida a sus hijos, ahora les transmiten el sentido para vivirla: la fe.
El Santo Padre indicó que, de igual modo que nadie dejaría a un recién nacido sin alimento o ropa, la fe resulta aún más necesaria porque “con Dios la vida encuentra salvación”. Explicó que el amor de Dios se manifiesta en la tierra a través de los padres que solicitan la fe para sus hijos y recordó que llegará el momento en que los niños crecerán y sostendrán a sus padres. Deseó que el bautismo fortalezca y santifique a todas las familias, manteniendo el afecto que las une.
Al término de la homilía, el Papa describió los símbolos litúrgicos del rito: el agua del bautismo que limpia del pecado, la vestidura blanca que representa el nuevo vestido dado por Dios Padre para la fiesta eterna de su Reino, y la vela encendida del cirio pascual, símbolo de la luz de Cristo resucitado que guía el camino. Expresó su esperanza de que este camino continúe con alegría durante el año y toda la vida, confiando en que el Señor acompañará siempre los pasos de los bautizados.
La celebración prosiguió con las oraciones de los fieles, en las que se incluyó una petición por el Papa, los obispos, los recién bautizados, los gobernantes, las familias, los niños, los pecadores, los violentos, los enfermos y las personas angustiadas, seguida por las letanías de los santos. Los concelebrantes, mons. Filippo Iannone, prefecto del Dicasterio para los Obispos, y mons. Vittorio Viola, secretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ungieron con óleo consagrado a cada niño.
Cada familia se acercó al agua bendita del bautisterio donde el Papa León XIV vertió el agua sobre la cabeza de los pequeños, pronunciando la bendición para que anuncien con alegría el Evangelio y reciban la vida eterna. Durante el rito, el Santo Padre interactuó con los niños, sonriendo ante sus protestas o felicitándolos cuando permanecían tranquilos.
Tras el bautismo, se entregó a cada niño una vestidura blanca, símbolo de su nueva condición de criatura renovada, y los padres encendieron una vela del cirio pascual. La ceremonia concluyó con el saludo personal del Papa a cada familia, acompañado por el tradicional canto del Adeste Fideles. El Santo Padre estrechó manos, acarició y bendijo a los niños, y entregó a las familias una medalla con la imagen de la Virgen María.
