En un discurso en el Vaticano, el Papa León XIV criticó el uso de la fuerza en la diplomacia y destacó la importancia del diálogo, la ONU y los derechos humanos, abordando también temas como el nacionalismo y la libertad de expresión.
En el Aula de las Bendiciones del Vaticano, el Papa León XIV se dirigió a unos 420 diplomáticos, entre ellos George Poulides, embajador de Chipre. Durante su intervención, el Pontífice denunció la creciente tendencia hacia la diplomacia de la fuerza en detrimento del diálogo. Subrayó que "la guerra vuelve a estar de moda" y que se ha quebrantado el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países emplear la fuerza para violar fronteras ajenas.
León XIV recordó el Jubileo recientemente concluido y la muerte de su predecesor, el Papa Francisco, destacando el impacto de su liderazgo pastoral. Asimismo, agradeció a las autoridades de Turquía y Líbano por su acogida durante su reciente viaje apostólico. En su análisis de la situación internacional, el Papa se inspiró en la obra de San Agustín, "La ciudad de Dios", para advertir sobre los peligros del nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del estadista.
El Pontífice manifestó su preocupación por la debilidad del multilateralismo y la sustitución del diálogo por la fuerza en la diplomacia actual. Destacó la importancia de la ONU y la defensa de los derechos humanos fundamentales, recordando que la paz ya no se busca como un bien deseable en sí mismo, sino mediante las armas. León XIV reiteró la condena de la Santa Sede a la implicación de civiles en conflictos y subrayó la necesidad de proteger la dignidad humana.
En su discurso, el Papa abordó la libertad de expresión, advirtiendo sobre el uso de las palabras como armas para engañar y ofender. Lamentó la creciente persecución de los cristianos, que afecta a más de 380 millones de fieles en todo el mundo, y condenó el antisemitismo. Además, se pronunció a favor de la familia y el matrimonio tradicional, y rechazó el aborto y la gestación subrogada.
León XIV expresó su inquietud por las tensiones en el Caribe y en Venezuela, reclamando respeto a la voluntad del pueblo venezolano y defensa de los derechos humanos. También advirtió sobre el peligro que supone el aumento de los arsenales nucleares y la necesidad de una gestión ética de la inteligencia artificial. Finalizó su discurso con un mensaje esperanzador, citando a San Francisco de Asís y deseando un corazón humilde y artesano de paz para todos.
