Migración, justicia social y juventud: el obispo de Palencia defiende una “política de la vida” mientras presenta J2R2033 como respuesta a la crisis espiritual actual.
En exclusiva para Iglesia Noticias, el obispo de Palencia, Mikel María Garciandía Goñi, desgrana las claves de J2R2033, una iniciativa nacida en el corazón de Europa y llamada a convertirse en un gran proyecto internacional de evangelización juvenil. Impulsado inicialmente desde la red europea de santuarios dedicados a San Miguel Arcángel y con la mirada puesta en Roma, este itinerario ha ido creciendo hasta captar la atención directa del Vaticano y recibir el respaldo del Santo Padre, que quiso firmar personalmente su manifiesto.
A lo largo de la entrevista, el obispo aborda con profundidad el diagnóstico espiritual de la juventud actual, la llamada “generación herida”, y el modo en que la Iglesia puede responder a sus vacíos y búsquedas de sentido. También reflexiona sobre los retos de coordinar un proyecto de alcance global dentro de la Curia, el papel de la fe en un mundo marcado por la incertidumbre y el valor de las pequeñas comunidades rurales como fortaleza pastoral. Además, analiza cuestiones de actualidad social como la regularización extraordinaria de migrantes, y se detiene en la realidad de Palencia: su pastoral juvenil, el cuidado del patrimonio románico y el significado simbólico del regreso del San Lucas de Gil de Siloé tras décadas fuera de la diócesis.
¿Qué necesidad concreta vio en la Iglesia para impulsar J2R2033?
El origen de todo no fue inmediato. En un primer momento, estando como capellán de un santuario de San Miguel Arcángel en Navarra, y por circunstancias vinculadas a su arzobispo y a la existencia de una red europea de santuarios de San Miguel, comenzaron a contactar los rectores de varios santuarios de Francia, Italia, España y Polonia. De ahí surgió la posibilidad de articular una pastoral de evangelización de jóvenes a través de esos santuarios, convergiendo hacia Roma.
Era un proyecto pequeño, europeo, centrado en los santuarios de San Miguel y con final en Roma 2025. Sin embargo, la providencia hizo que se produjera un salto cualitativo, ampliando su alcance mucho más allá de aquella idea inicial.
¿Cómo fue el momento en el que el Papa firmó el manifiesto? ¿Qué sintió personalmente?
El proyecto fue presentado al Papa Francisco en 2024. Posteriormente, el 11 de junio de 2025, se presentó la documentación al Papa León, con la iniciativa prevista para el 1 de agosto en Santa María in Trastevere.
A raíz de esa iniciativa, el Papa recibió al grupo el 3 de octubre en audiencia privada y expresó que el Papa tiene un corazón joven y que también quería firmar el Manifiesto. Fue un momento precioso: comprendió que la juventud no es una cuestión puramente de edad, sino de tener proyectos, ilusiones y atreverse a soñar.
Ese respaldo supuso un impulso importante. Además, pidió que el proyecto no quedara circunscrito a Europa, sino que fuera más allá.
Se habla de transformar la “generación herida” en “generación de la redención”. ¿Qué heridas detecta como más comunes hoy en los jóvenes?
Dentro de los tres ejes del proyecto, evangelización, peregrinación y heridas, el tema de la “generación herida” despertó un especial interés en el Santo Padre. A partir de ahí, se impulsó un estudio más profundo liderado por los propios jóvenes, con la colaboración de sociólogos, psiquiatras y psicólogos, para analizar cuáles eran las heridas en cada uno de los cinco continentes.
Las heridas son muy diversas entre sí, pero el fondo común es el mismo: la inquietud del corazón. Nada de este mundo termina de llenar al ser humano. Los jóvenes de distintos continentes constatan que los ídolos y las ofertas de sentido de este mundo les fallan, y comienzan a sospechar que quizá exista una oferta de sentido que viene de Dios, que viene de lo alto, que es Jesucristo. Es un planteamiento muy cercano a San Agustín y su idea de la inquietud del corazón.
Si un joven le dijera “yo no creo, pero estoy vacío”, ¿qué le respondería?
La fe no es creer a ciegas un dogma. La fe es el coraje de pensar hasta el final, de atreverse a pensar un mundo que va más allá de los límites de nuestra razón práctica y técnica. Es imaginar que la razón del ser humano está dotada naturalmente para ir más allá de lo visible o de lo conocido.
La fe sería, así, la razón que se atreve a vivir una aventura más allá de lo posible.
Usted dijo que en el Vaticano les dijeron: “esto no se ha hecho nunca”. ¿Qué es lo más difícil de coordinar con tantos dicasterios?
La dificultad de coordinación no es exclusiva del Vaticano: ocurre en la parroquia, en la diócesis y en la Iglesia universal. Cuesta trabajar entre distintos secretariados y departamentos.
En la Curia Vaticana existe una experiencia valiosa, pero desde el principio se vio que el proyecto desbordaba el ámbito del Dicasterio para Laicos, Familia y Vida, donde está juventud. Al ser un proyecto de jóvenes, debían entrar de manera muy potente ámbitos como comunicación, cultura, desarrollo humano integral y evangelización.
De manera orgánica, conforme el proyecto se desarrolla, implica a actores muy diversos que trabajan desde sus respectivas áreas. En ese sentido, se trata de una actuación interdicasterial.
¿Qué tendría que ocurrir para que usted dijera: “esto ha valido la pena”?
Desde que comenzaron hace seis o siete años, en un nivel pequeño de santuarios, cada paso ha merecido la pena. Cuando presentaron el proyecto en la Sacra de San Michele o en Montevergano, ya parecía suficiente. Cuando los jóvenes comenzaron a trabajar y surgió el manifiesto, también. Cuando decidieron no limitarse a Santa María in Trastevere y llevar la iniciativa a las redes, donde se lograron cientos de miles de adhesiones, también.
Y cuando el Santo Padre pidió que el proyecto vehiculase mucho más, igualmente.
Es una historia que está creciendo, y él mismo se reconoce como el primer sorprendido.
La Iglesia está reclamando una regularización extraordinaria como “acto de justicia social”. ¿No teme que se interprete como intervención política directa?
Uno de los riesgos de la Iglesia Católica frente a otras confesiones es que defiende tanto una moral personal como una moral social centradas en la vida. Más allá de las agendas ideológicas de los partidos, la Iglesia sostiene desde siempre una visión de la dignidad humana.
Durante décadas ha denunciado las injusticias en África y el expolio del continente. Cáritas en España y otras Cáritas han pedido a los gobiernos que se haga justicia, que se ponga fin al esquilmamiento, que se promuevan programas de formación y que la juventud pueda venir de manera ordenada. Las soluciones estructurales se han planteado durante años.
Cuando no se atienden esas advertencias y llegan las consecuencias de políticas que la Iglesia considera nefastas, la Iglesia actúa con las personas que ya están aquí. Distingue entre una llegada indiscriminada y jóvenes, como muchos subsaharianos, que buscan que sus familias puedan comer cada día y cuya única esperanza ha sido venir a Europa.
También reconoce la contradicción en Europa: caída de natalidad, descenso de matrimonios, deseo de mano de obra barata y rechazo a ciertos trabajos. Si se quiere una sociedad más cohesionada y justa, la Iglesia defiende una política de la vida, familiar y de justicia.
En Palencia, por ejemplo, dentro del programa de apoyo a las diócesis de Canarias, hay jóvenes que ya están en proceso de incorporación al mundo laboral. Se debe distinguir entre quienes vienen con ilusión de integrarse y otros temas distintos, como posibles políticas de islamización.
¿Cree que Palencia necesita un cambio radical en la pastoral juvenil?
En Palencia existe desde hace años un gran movimiento juvenil en parroquias, scouts, Acción Católica General y otros grupos. Cuando llegó hace dos años, ya había un grupo impulsado por la dinámica de Lisboa.
Su labor ha sido sumarse a esa iniciativa y reforzar la coordinación. Además de la pastoral ordinaria, se trabaja para que el verano sea un momento fuerte mediante campamentos y peregrinaciones. En los últimos dos años han peregrinado a Santiago, Liébana y Roma, y este año vuelven a Santiago con dos grupos, además de otras actividades.
Más que un cambio radical, habla de potenciación y de animar a que los jóvenes del ámbito rural se unan y coordinen con las iniciativas existentes.
¿Cómo se puede mantener viva la fe en zonas rurales donde cada vez hay menos comunidad estable?
En las diócesis rurales de España, lo que puede parecer una dificultad puede convertirse en fortaleza. Las comunidades son pequeñas y dispersas. En un pueblo de 12 habitantes, si hay dos o tres personas confesantemente cristianas católicas que visitan a los enfermos, atienden lo que el pueblo necesita, abren la iglesia o se reúnen a rezar, esas pequeñas acciones en el territorio local son fortalezas.
La Iglesia en el mundo rural ya no aspira a grandes cosas, sino a que quienes están en el territorio tengan cada vez mayor coordinación.
Palencia tiene una de las mayores concentraciones de arte románico de Europa. ¿Son conscientes los palentinos del tesoro que tienen?
De manera creciente, sí. En los años 70 se tomó conciencia abruptamente del valor del patrimonio a raíz de robos y ataques sistemáticos. Desde entonces, instituciones y comunidades rurales han estado más atentas a custodiar y cuidar.
La diócesis de Palencia comenzó pronto a organizar una labor coordinada para el románico del norte. Existe una fundación diocesana llamada Nartex, que trabaja en esta línea. Uno de los esfuerzos actuales es coordinar parroquias y zonas pastorales para que la atención al patrimonio y las visitas a los templos sean cada vez más coordinadas y de mayor calidad.
Hay mucha gente implicada y es un proceso abierto.
Tras más de cuatro décadas fuera, ¿qué significa que el San Lucas de Gil de Siloé haya vuelto a Palencia?
Como le dijo el comandante de los Carabinieri, los atentados contra el patrimonio no se resuelven en años, sino en generaciones. Existe un patrimonio ingente que fue robado y llevado a otras partes.
Ahora corresponde estar atentos y vigilantes para que las piezas que aparezcan en subastas o exposiciones puedan ser recuperadas. Ha vuelto San Lucas, pero faltan Mateo, Marcos y Juan. Se abre un tiempo nuevo: así como hubo un tiempo de expolio, ojalá este sea, aunque lentamente, un tiempo de recuperación del patrimonio.
