El Papa León XIV condenó el aborto y la gestación subrogada en un discurso dirigido al cuerpo diplomático del Vaticano.
Durante su intervención, León XIV señaló dos desafíos principales que afectan a la familia en la actualidad: “una preocupante tendencia en el sistema internacional a descuidar y subestimar su papel social fundamental, lo que conduce a su progresiva marginación institucional”, y “la creciente y dolorosa realidad de familias frágiles, rotas y sufrientes”, afectadas por problemas internos como la violencia doméstica.
El pontífice definió el matrimonio como la vocación “de amar y de la vida que se manifiesta de forma importante en la unión exclusiva e indisoluble entre un hombre y una mujer”, y añadió que esta unión “implica un imperativo ético fundamental para permitir que las familias acogen y cuiden plenamente la vida no nacida”. No especificó a qué se refería con “permitir” que las familias acogen la vida, aunque recordó que las parejas casadas tienen la obligación moral de permanecer siempre abiertas a la vida evitando la anticoncepción. Calificó la vida como un “regalo invaluable” y destacó que “es cada vez una prioridad, especialmente en aquellos países que experimentan un dramático descenso en las tasas de natalidad”, sin mencionar directamente a la anticoncepción como un factor principal en esta disminución.
El Papa condenó tanto el aborto como la gestación subrogada. Sobre el aborto, afirmó que es una práctica que “termina con una vida en crecimiento y se niega a acoger el don de la vida”. En este sentido, afirmó: “A la luz de esta profunda visión de la vida como un don que debe ser valorado, y de la familia como su responsable guardiana, rechazamos categóricamente cualquier práctica que niegue o explote el origen de la vida y su desarrollo”.
Además, criticó la financiación pública del aborto y expresó ante los diplomáticos que la Santa Sede “considera deplorable que se asignen recursos públicos para suprimir la vida, en lugar de invertirlos en apoyar a las madres y a las familias”. León XIV subrayó que “el objetivo principal debe seguir siendo la protección de cada niño no nacido y el apoyo efectivo y concreto a cada mujer para que pueda acoger la vida”, indicando que la mujer necesita “un apoyo concreto” para poder hacerlo.
Manifestó también “profunda preocupación” por la financiación de los desplazamientos transfronterizos con el fin de obtener abortos. Respecto a la gestación subrogada, el Papa la calificó como una práctica que vulnera “la dignidad tanto del niño, que se reduce a un ‘producto’, como de la madre, explotando su cuerpo y el proceso generativo”, y que por ello “distorsiona la vocación relacional original de la familia”.
En relación con estos retos, reiteró que la protección del derecho a la vida es “la base indispensable de todos los demás derechos humanos” y que una sociedad sólo progresa verdaderamente cuando protege la santidad de la vida humana y trabaja activamente para promoverla. El pontífice añadió que respetar el derecho a la vida implica también rechazar la eutanasia y calificó el suicidio asistido como “formas engañosas de compasión”. Si bien León XIV ha condenado de forma clara y reiterada el aborto, también ha afirmado en varias ocasiones que el apoyo a la pena de muerte, que la Iglesia Católica consideraba permisible hasta el pontificado de Francisco, contradice la postura pro-vida de quienes se oponen al aborto.
Esta posición contrasta con la enseñanza tradicional de la Iglesia, expresada por ejemplo por San Tomás de Aquino, quien afirmó que “si un hombre es peligroso e infeccioso para la comunidad, debido a algún pecado, es loable y ventajoso que sea ejecutado para salvaguardar el bien común”. Asimismo, Pío XII defendió en 1955 la autoridad del Estado para aplicar la pena de muerte porque “el poder coercitivo de la autoridad humana legítima” se basa en “las fuentes de la revelación y la doctrina tradicional”.
En un discurso en 2023, el entonces cardenal Robert Prevost declaró que un católico no puede declararse “a favor de la vida” únicamente por estar en contra del aborto y, al mismo tiempo, apoyar la pena de muerte. Añadió que quienes defienden el derecho a la vida de los más vulnerables deben ser igualmente visibles en la defensa de la calidad de vida de los más débiles, como los ancianos, los niños, los hambrientos, los sin hogar y los inmigrantes sin documentación.
En 2025, tras negarse a comentar que el cardenal Blase Cupich tenía intención de otorgar un premio al senador proaborto Dick Durbin, León XIV afirmó desconocer muchos detalles del caso y señaló que hay que considerar “el trabajo global que un senador ha realizado durante… 40 años de servicio en el Senado de Estados Unidos”. El pontífice concluyó afirmando que “alguien que dice que está en contra del aborto pero que está a favor de la pena de muerte no es realmente pro-vida”, y añadió: “alguien que dice que está en contra del aborto pero está de acuerdo con el trato inhumano a los inmigrantes en Estados Unidos, no sé si eso es pro-vida”.
