Francesco Ielpo, Custodio de Tierra Santa, destacó la importancia de la Epifanía en Belén, subrayando la manifestación de Cristo como luz para todos los pueblos durante la homilía en Santa Catalina.
La celebración de la Epifanía en Belén se celebró en la parroquia de Santa Catalina, junto a la basílica de la Natividad, y estuvo presidida por el Custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo. Durante la homilía, el Custodio destacó la importancia de vivir esta solemnidad en el lugar del Nacimiento del Señor y señaló que supone dejarse alcanzar por el corazón del misterio que la Iglesia contempla: la manifestación de Cristo como luz para todos los pueblos. En su reflexión, subrayó la tensión entre la luz y las tinieblas, la acogida y el rechazo, la alegría y el miedo, temas presentes en las lecturas propias del día.
A continuación, Ielpo comentó el Evangelio, que contrapone dos ciudades: Belén, la ciudad de David, y Jerusalén, la ciudad de Herodes. Explicó que la búsqueda violenta de Herodes se opone a la búsqueda confiada de los Magos, quienes, tras ver al niño con María, regresan por otro camino, como signo del cambio que produce el encuentro con Dios. La parroquia de Santa Catalina se llenó de fieles que participaron en la celebración.
Por último, el Custodio recalcó que la historia queda marcada por una elección: aceptar o rechazar a Cristo. Aunque las tinieblas parezcan dominar, añadió, no tienen la última palabra. La luz —símbolo del Nacimiento y de la Epifanía— es la que transforma la vida del hombre. En ese sentido, la estrella de los Magos es un signo que debe comprenderse con fe: una luz que guía hacia Cristo, que no ciega, sino que sana y acompaña.
