
La sed de trascendencia y su vacío
Desde que existe memoria histórica, en todos los pueblos y culturas aparece la huella de una vocación humana hacia la trascendencia, entendida como apertura a un futuro eterno en Dios. La revelación judeocristiana se presenta como el único fundamento coherente de una religión monoteísta que ofrece un acceso directo y personal al Creador.
A partir del siglo XVII, con Descartes, se instaló filosóficamente un giro que abandonó el realismo y empezó a considerar los seres sólo tal como aparecen en la interioridad del sujeto. Esta mutación intelectual produjo estragos en la comprensión filosófica y teológica de Dios, desplazándolo al terreno de lo “no científico” y afectando de modo profundo la educación escolar y universitaria de los últimos dos siglos. Ese proceso abrió un gran vacío que está en la raíz del actual desorden moral.
Desde hace unos 120 años irrumpieron en el ambiente cultural global múltiples sucedáneos de la verdad sobre el mundo y sobre Dios, especialmente bajo la forma de ideologías como el marxismo y el comunismo, entre otras. Estos sistemas bloquearon el acceso a la verdad revelada y dejaron en muchas almas un hueco existencial.
Al desaparecer los contenidos que colmaban el anhelo de trascendencia, las personas se volvieron presa fácil de las sectas, generando incluso una “demanda” en términos de mercado religioso. De este modo proliferaron grupos que ofrecen pseudorreligiones a cambio de dinero, aprovechando la vulnerabilidad espiritual de amplios sectores de la población.
En ese contexto han aparecido numerosos oportunistas que fundan su propia secta con el objetivo principal de enriquecerse, fenómeno ampliamente documentado, por ejemplo, en reportajes audiovisuales sobre la expansión de sectas en Estados Unidos y otros países. Llama la atención que muchas de estas agrupaciones tengan un sello marcadamente protestante, lo que se vincula con el rechazo de Lutero al magisterio católico, que durante dos milenios ha custodiado el depósito de la revelación divina y ha alertado frente a errores doctrinales. Ese mismo magisterio advirtió en el siglo XX sobre las ideologías comunista y nazi y hoy denuncia también las ideologías WOKE.
Junto al fenómeno de las sectas aparece otro frente, diferente pero paralelo: el uso de la tecnología digital para apropiarse del alma de las personas de manera casi orwelliana cuando no hay un arraigo firme en la verdad. Diversos testimonios y análisis muestran cómo ciertas dinámicas en redes, plataformas y contenidos pueden modelar profundamente conductas, emociones y juicios, hasta volver a la persona dependiente de sistemas de control invisibles.
El ideal sería una formación espiritual sólida y profunda, capaz de otorgar una auténtica libertad interior y una gran estabilidad de espíritu. Sin esa base, la exposición masiva a entornos digitales hostiles o manipuladores deja a muchos sin defensas frente a los nuevos “predadores” de almas.
En los últimos años se habla incluso de verdaderas “pandemias psicopáticas” y de un incremento de anomalías psíquicas, lo que se relaciona con la altísima dignidad del hombre como ser dotado de alma espiritual, pero también con su extrema vulnerabilidad. Cuando los padres descuidan la educación integral de sus hijos, estos pueden caer desde muy temprano en la adicción a la pantalla del móvil.
Si el problema no deriva en males mayores, es frecuente que en la adolescencia y en la edad adulta esa persona viva encerrada en sí misma, excesivamente dependiente del teléfono, con poca capacidad comunicativa y con escasos amigos reales. No obstante, si llega a formar una familia estable, suele iniciarse un proceso de recuperación y revitalización de su capacidad natural de interacción con los demás.
Mientras la persona no haya sido completamente absorbida por un sistema depredador, siempre existe la posibilidad de romper las cadenas que la atan. Incluso en situaciones graves, cabe levantarse, recomenzar y evitar en adelante aquellas ocasiones digitales que se han vuelto peligrosas.
En Estados Unidos se observa el surgimiento de clubes y asociaciones donde las personas se ayudan mutuamente a recuperar su libertad interior frente a estos mecanismos de control, y en muchos de estos espacios la fe en Dios desempeña un papel decisivo. Paralelamente, se registra un intenso resurgir religioso en diversas partes del mundo, visible en la proliferación de contenidos de fe en plataformas como Youtube.
Este renacer espiritual se refleja también en grandes convocatorias juveniles, como la participación de alrededor de un millón de jóvenes en el encuentro con el Papa en Tor Vergata, Roma. El mal hace mucho ruido y busca exhibirse, pero la mayoría silenciosa de personas normales y corrientes sigue sosteniendo el mundo desde su vida cotidiana, su fe y su compromiso con la verdad.
