
Continúo aquí con mis entradas dedicadas a Nabeel Qureshi, uno de los musulmanes conversos más populares en Estados Unidos. Si en la última acababa comentando la decepción que sufrió Nabeel al conocer con más detalle la biografía de Mahoma, algo semejante le ocurrió al ahondar en la del Corán, el libro sagrado del Islam.
En efecto, uno de los cuestionables puntos de partida sería el hecho de que por haber sido dictado por el arcángel Gabriel al Profeta, el Corán sería un texto para ser recitado pero no tanto para ser entendido o cuestionado (pág 37). Además, según Nabeel, cada uno de sus versículos está sujeto al principio de abrogación, el cual permite descartar versículos tempranos si estos contradicen otros posteriores. El problema con esto es que, dado que esos versículos no ofrecen una cronología exacta, todo su contenido es fácilmente manipulable y por ello muy poco fiable (pág. 132). Y, en cuando a su contenido, tampoco a Nabeel le resultó consolador o paternal en los momentos en que más lo necesitaba (págs. 277-278). Finalmente, las razones aducidas para justificar la infalibilidad del Corán son especialmente débiles y artificiales, deficiencia especialmente clara en todo lo referido a su competencia científica o a su transmisión textual.
Mucho más problemático aún es todo lo referido a la violencia, concretado por ejemplo en el aldabonazo que para Nabeel supusieron los atentados del 11S, y que es también uno de los turningpoints del libro, por ser radicalmente incompatible con lo que él pensaba del Islam (pág. 115). El problema es que tanto histórica como doctrinalmente la violencia está inherentemente vinculada al Islam, y que queda justificada desde el momento en que éste se autoconsidera superior a otras religiones y culturas y con derecho a imponerse sobre ellas. Para evitar este estigma algunos musulmanes hacen justificaciones sibilinas o mutilan textos coránicos a conveniencia y en función de la imagen u objetivos que se persigan en cada momento (págs. 221-230). Especialmente aberrante sería la licitud de abusar sexualmente de las mujeres de los enemigos, que es algo que podría justificar las violaciones de las mujeres israelitas por Hamás, o las consecuencias que deben arrostrar las mujeres que abandonen el Islam, especialmente si son casadas (pág. 252).
Obviamente, ante la gravedad de muchos de estos aspectos, los positivos quedan muy desdibujados y obligados a una muy difícil convivencia con aquellos y, me imagino, deben generar quizá una psicología individual muy complicada y problemática. Aunque sólo sea por señalarlos, se me ocurren que algunos de esos aspectos positivos serían la función igualadora de la oración comunitaria, la importancia de la familia, el respeto a los mayores, a quienes se debe obedecer pero no es posible cuestionar, o la creación de fuertes vínculos comunitarios entre los creyentes.
En este panorama, creo que las conversaciones con los musulmanes son a la vez fáciles y difíciles. Fáciles por encontrarnos ante un sistema moral y religioso con lagunas fácilmente rebatibles y aceptables para cualquier persona de buena voluntad y con un mínimo de sano escepticismo. Pero a la vez difíciles por la larga historia de rivalidad con el cristianismo, por sus fuertes lazos comunitarios y la consecuente fragilidad de la autonomía personal, y quizá, de modo más serio y a la vez elocuente de su debilidad de fondo, por la amenaza de la violencia hacia los disidentes. Es como si, en el fondo, el Islam tuviera miedo de sus propias incoherencias.
Por ello, según Nabeel, el trato con los posibles conversos debe estar guiado por la amistad, la hospitalidad y la persistencia. Aconseja también entender que esas conversiones suelen ser difíciles con la primera generación pero no tanto con las siguientes (pág. 82), y que contamos con muchas cosas comunes como creer en la existencia de la Verdad, en la importancia de la figura de Jesús y en la de María, especialmente en su advocación de Fátima.
Iglesia Noticias no se hace cargo de las opiniones de sus colaboradores, que no tienen por qué coincidir con su línea editorial.
