Las manifestaciones en Irán, que comenzaron por motivos económicos, han involucrado a diversos sectores de la población y han resultado en 35 víctimas, mientras el gobierno intenta controlar la situación.
Las protestas en Irán cumplieron su duodécima jornada y se extendieron a 17 provincias, incluidas regiones occidentales habitadas mayoritariamente por minorías kurdas. Las manifestaciones comenzaron con comerciantes y pequeños empresarios afectados por la inflación y la devaluación de la moneda, y luego se sumaron estudiantes y otros sectores de la población. Según organizaciones humanitarias, los disturbios dejaron 35 víctimas, entre ellas algunos policías.
El presidente Massoud Pezeshkian ordenó a las fuerzas de seguridad distinguir entre manifestantes pacíficos y quienes recurrieron a la violencia y atacaron instalaciones militares. La situación se vio condicionada, además, por la debilidad internacional de Teherán. Al inicio de las protestas, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con intervenir si se producían represiones sangrientas. Mientras tanto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu expresó su respaldo a los manifestantes, y Moscú, aliada tradicional de Teherán, mantuvo silencio.
En este contexto resurgió el nombre de Reza Pahlavi, hijo del último sha, que se mostró dispuesto a liderar una transición hacia la democracia en Irán. Pahlavi expresó su deseo de un cambio pacífico mediante un referéndum, una propuesta que recibió el visto bueno de algunos sectores de la población que clamaron por un cambio en el país.
