Diversos medios y plataformas situados en el ámbito del progresismo eclesial han activado en los últimos días una campaña crítica contra el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, tras sus recientes declaraciones en las que reclamaba desbloquear la situación política de España sin expresar apoyo explícito ni implícito a ninguna formación política.
El principal instrumento de esta ofensiva es una carta abierta dirigida al arzobispo, difundida y amplificada por Religión Digital, medio que ha asumido un papel activo en su promoción. El texto afirma haber reunido 461 firmas procedentes de 44 diócesis, según la información difundida por Noticias Obreras, datos que no han sido acompañados de documentación verificable ni de mecanismos de contraste independientes.
La iniciativa se inscribe en un entorno ideológico reconocible, vinculado a sectores del catolicismo progresista y a publicaciones que mantienen desde hace años una línea editorial crítica con la Conferencia Episcopal, especialmente cuando sus responsables no se alinean con determinadas posiciones políticas. La ausencia de transparencia sobre quién impulsa y coordina la recogida de firmas contrasta con la intensa cobertura mediática otorgada a la carta.
En el escrito, los firmantes expresan su preocupación por las declaraciones de Argüello, no por el hecho de que la Iglesia denuncie la injusticia —algo que reconocen como legítimo y necesario—, sino porque consideran que sus palabras desplazan la denuncia profética hacia el terreno de la confrontación política concreta, con el consiguiente riesgo de división en la comunión eclesial.
La carta insiste en que la Iglesia no puede ser neutral ante realidades como la exclusión social, la falta de acceso a la vivienda o el sufrimiento de los descartados, y afirma compartir la idea de que “la Iglesia no puede ser neutral ante la injusticia”. No obstante, sostiene que descender al ámbito de las soluciones políticas concretas supone traspasar una frontera que no correspondería al ministerio episcopal.
Para sostener esta tesis, el texto recurre a referencias históricas y conciliares, evocando al cardenal Vicente Enrique y Tarancón y recordando su afirmación de que “no corresponde a la Iglesia presentar soluciones concretas de gobierno”, así como la enseñanza de que la Iglesia “no impone un determinado modelo de sociedad ni patrocina una forma concreta de ideología política”.
El documento apela reiteradamente al pluralismo político entre los católicos, citando Gaudium et spes: “Podrá suceder, como sucede frecuentemente y con todo derecho, que otros fieles, guiados por una no menor sinceridad, juzguen del mismo asunto de distinta manera.” Y añade: “En tales casos, a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia.”
Pese a que Argüello no ha respaldado públicamente ninguna opción partidista, los promotores de la carta sostienen que sus declaraciones han sido percibidas como una toma de partido, incluso cuando se hayan formulado a título personal, y recuerdan que “no es misión de los pastores ofrecer soluciones concretas a todas las cuestiones, aun graves”, en referencia al Concilio Vaticano II.
La misiva concluye con una petición dirigida a la jerarquía eclesial, reclamando respeto a la conciencia del laicado y al pluralismo político legítimo entre cristianos, y solicitando evitar actuaciones que puedan interpretarse como la atribución de la autoridad moral de la Iglesia a una sola opción política.
Más allá del contenido del texto, la operación mediática que lo rodea revela un intento de erosionar la figura y la autoridad del presidente de la Conferencia Episcopal, utilizando cifras y apoyos que, a día de hoy, solo constan en la versión difundida por medios de orientación progresista y no han podido ser verificados de forma independiente.
